Los inductores de colágeno son activos inyectables que favorecen la producción natural de colágeno en la piel, estimulando al organismo a generar su propio tejido nuevo. El colágeno es la proteína estructural más abundante de la piel y el responsable de su firmeza, elasticidad y calidad, pero a partir de los 25 años su producción disminuye progresivamente. Los inductores trabajan precisamente sobre esa pérdida.
Aplicación
Duración
Anestesia
Trabajamos con dos grandes vías: inyectables y aparatología. La elección depende del caso, del grado de pérdida y del objetivo.
Los bioestimuladores inyectables se aplican en el plano subcutáneo o intradérmico profundo y desencadenan una respuesta de producción de colágeno. La piel los reconoce como estímulo, no como relleno, y responde generando tejido propio durante meses tras la sesión.
Los polinucleótidos son activos regenerativos que mejoran la calidad del tejido y la producción de colágeno desde dentro. Indicados especialmente en piel fina, contorno de ojo, cuello y escote. Se combinan muy bien con bioestimuladores inyectables.
lgunas personas experimentan cambios visibles en varios tercios del rostro de manera simultánea. Esto puede incluir descenso facial generalizado con pérdida del óvalo, surcos marcados y ojeras profundas, pérdida progresiva de proyección, volumen y luminosidad, así como sensación de que la cara ha cambiado significativamente en los últimos 3 a 5 años.
El envejecimiento facial puede acelerarse tras la menopausia debido a la pérdida brusca de colágeno, soporte y luminosidad. En algunos casos, la piel envejece más rápido que el resto del cuerpo, generando sensación de “cara cansada” que no mejora aunque se descanse adecuadamente.
La pérdida de volumen facial también puede ser consecuencia de una bajada de peso significativa. Esto se traduce en una apariencia demacrada o cansada, y en algunos casos refleja el adelgazamiento facial natural con la edad, conocido como lipoatrofia.
Algunas personas han probado tratamientos sueltos en distintos centros sin un criterio común, obteniendo resultados descoordinados o desproporcionados. Puede ocurrir que se haya tratado una zona y que otras áreas ahora se vean peor en comparación. Esto lleva a buscar una segunda opinión médica y un plan global desde cero.