El pómulo es el soporte estructural del tercio medio del rostro: cuando está bien, la cara se ve descansada, proyectada y joven; cuando se pierde, todo lo demás desciende. En nuestra clínica tratamos los pómulos con ácido hialurónico estructural de alta densidad para aportar volumen donde se ha perdido, proyectar el pómulo en su eje correcto y rejuvenecer el tercio medio por arrastre. Trabajamos en planos profundos, sobre el periostio, con cánula o aguja según el caso y respetando siempre la anatomía vascular de la zona.
Aplicación
Duración
Anestesia
La marcación estructural con ácido hialurónico denso se aplica en planos profundos sobre el periostio. Aporta soporte real, recupera proyección y mejora el descenso facial. Es la técnica de elección cuando el objetivo es estructural.
Suele ser un tratamiento incondicional cuando hablamos de pérdida de volumen y flacidez facial, una de las zonas de tratamiento del Triángulo Invertido. Se utiliza para mejorar la hidratación de la dermis y el punto de sostén del tercio medio.
Entre sus principales beneficios, la reposición de pómulos rejuvenece el tercio medio del rostro, aporta un aspecto más descansado y luminoso, redefine el óvalo facial y realza las mejillas de forma natural, sin alterar los rasgos ni la expresión.
Algunas personas presentan pómulos planos o descendidos que antes estaban más altos, así como surcos nasogenianos más marcados que van desde la nariz a la comisura de los labios. También pueden aparecer ojeras profundas o en cubeta que antes no se notaban, pérdida de definición del óvalo facial con caída de tejido hacia la mandíbula, y sensación de cara cansada o triste aunque se haya descansado adecuadamente.
En ciertos casos, los pómulos pueden ser siempre planos o poco definidos debido a la anatomía, dando lugar a una cara con aspecto alargado por falta de soporte horizontal. La mirada puede parecer caída sin que exista descenso real del párpado, y puede haber falta de armonía entre el tercio medio del rostro y el resto del rostro.
El descenso facial puede acelerarse tras la menopausia, debido a la pérdida hormonal de colágeno y grasa, y también puede observarse pérdida de volumen facial después de una pérdida de peso importante. En algunos casos, el envejecimiento facial se vuelve más evidente en los últimos meses o años, con cambios visibles entre los 50 y 55 años que no se percibían entre los 30 y 45 años.
Los hombres suelen buscar un perfil más definido y angulado, mientras que las mujeres quieren recuperar proyección sin feminización exagerada. También se pueden presentar asimetrías leves entre ambas hemicaras o casos en los que el pómulo necesita acompañar a una marcación mandibular para equilibrar los tercios faciales.
Los plazos realistas: